Aunque el estrés es un mecanismo de defensa que nos hace estar alerta para enfrentarnos a situaciones potencialmente peligrosas, salir cada día de la oficina con mucho estrés acumulado, puede acarrearnos muchas consecuencias negativas.

Nuestra jornada laboral dura de media entre 8 y 9 horas, sin embargo, la mayoría de las veces llevamos la “oficina encima”, seguimos conectados al móvil del trabajo desde casa o desde donde estemos, alargando la jornada hasta 10 y 11 horas diarias. Esta situación se sucede cada día, durante semanas y meses y se acumula durante años.

La carga excesiva de trabajo, tanto dentro como fuera de la oficina (porque al estrés laboral le tenemos que sumar las obligaciones familiares, tareas domésticas, etc.), nos hacen vivir en un continuo estado de estrés o nerviosismo.

Según el Instituto Nacional de Estadística el 30% de las bajas laborales en España se deben al estrés y casi la mitad de los españoles reconoce tener estrés laboral.

 

¿Qué síntomas puede presentar el estrés?

  • Cansancio físico
  • Falta de energía
  • Dificultad para concentrarse
  • Tristeza, que puede derivar en depresión
  • Insomnio y pesadillas
  • Ansiedad
  • Irritabilidad: afectando también a las personas de nuestro entorno personal y laboral

Estos síntomas pueden derivar en trastornos físicos como:

  • Desórdenes estomacales
  • Defensas bajas
  • Afecciones cutáneas y pérdida de cabello
  • Enfermedades cardiovasculares
  • Vértigos
  • Trastornos psicológicos
  • Tensión muscular

 

Todos estos problemas vienen derivados de lo que conocemos por estrés negativo. ¿Eso significa que hay un estrés que sea bueno? Sí, el llamado estrés positivo.

 

  

¿Qué es el estrés positivo?

El estrés positivo es lo que nos ha hecho evolucionar ya que es lo que nos mueve a enfrentarnos a los problemas y superarlos. Si convertimos todo ese estrés negativo en positivo, podemos obtener muchos beneficios en nuestro día a día en la oficina.

Para ello es conveniente dejar atrás el estrés personal. Las prisas de la mañana, discusiones familiares, atascos, etc. Así podremos centrarnos y dirigir nuestro “estrés” hacia las tareas de oficina. Es importante aprender a priorizar, ser más asertivos y aceptar nuestros errores.

Al canalizar nuestro estrés para llevarlo a un punto positivo en el entorno laboral conseguimos:

  • Mantenernos más activos y con más energía
  • Resolver los problemas de una manera más creativa
  • Ser más proactivos y reactivos
  • Nos mantiene alerta
  • Nos ayuda a mantener nuestras emociones más controladas y estables

 

 

¿Cómo reducimos el estrés negativo?

Mantener a raya el estrés negativo es clave para poder llevar una vida emocionalmente estable y evitar así muchos problemas de salud y bajas laborales. Por lo que es importante que pongamos más atención en:

  • Aprender a relajarnos
  • Descansar correctamente e intentar dormir 7/8 horas diarias
  • Escuchar música
  • Entender que pedir ayuda de vez en cuando no es malo, ya sea a nuestros compañeros de trabajo o a profesionales que nos ayuden a gestionar nuestros problemas
  • Mantener una actitud positiva
  • Reírse más
  • Tener algún hobbie que nos ayude a distraernos y centrarnos en algo que nos guste
  • Hacer deporte de manera habitual
  • Mantener una alimentación saludable

 

Cambiar nuestros hábitos o nuestra manera de pensar y de trabajar no es nada fácil. Así que tenemos que empezar poco a poco. Una buena forma de empezar es con nuestra alimentación, ya que es la base de lo que somos. Si comes bien, te sentirás bien. Comer fruta es una forma excelente de mantenernos hidratados y llenos de energía para afrontar los días de oficina bien cargados.

 

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